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De los ODS a los ODM en el discurso seguritario. Reflexión geopolítica. 21-09-2020

En el mes de agosto, el departamento de Seguridad de los Estados Unidos publicó el Strategic Framework for the Wester Hemisphere (Marco estratégico para el hemisferio occidental) donde se reafirma el interés del país respecto a las condiciones democráticas y de desarrollo de América Latina después de un período de descuido y falta relativa de intervención geopolítica formal. Diversos medios afirman que el documento simboliza el regreso de la Guerra fría del final del siglo pasado. En el resumen se describe como irresponsable e inconveniente las influencias orientales sobre la región, sobre todo las de Rusia y China, consideradas amenazas económicas y tecnológicas contra la hegemonía norteamericana. De otro lado, el internacionalista peruano Farid Kahhat opina en su última columna dominical de El Comercio (2020) que el lanzamiento del marco puede fácilmente ubicarse en el contexto electoral y en la estrategia hacia la reelección de Trump. Contrastando las fechas –a menos de dos meses de los comicios- y el lugar del lanzamiento –Florida, estado determinante en el voto latino- esto parece convenir a la popularidad del presidente sobre un colectivo de migrantes venezolanos y caribeños que huyeron de los regímenes autoritarios de sus países. El documento informa que los EE.UU. continuarán y reforzarán los esfuerzos para reestablecer la libertad y los Derechos Humanos contra los gobiernos ‘tiranos’ de Cuba, Nicaragua y Venezuela principalmente. El análisis de Kahhat comienza con el hecho de que Trump con conveniencia de no ser necesariamente generoso con América Latina a interesarse tutelarmente en él cuando no en otras regiones; pero más allá de la campaña hacia noviembre del 2020, la última gestión de la primera potencia ha sido conflictiva cuando no estrafalaria respecto a las anteriores, recordemos el plan de construcción del muro contra la migración mexicana, el asesinato del general iraní Soleimani, las negligentes declaraciones contra las medidas anti COVID-19, el ultimátum contra el supuesto espionaje chino de TikTok, etc. Pese al ánimo pacifico, la doctrina de seguridad norteamericana viene asistiendo a la lógica previa a la caída del muro de Berlín, la actitud proteccionista respecto a la periferia y la reivindicada enemistad con el comunismo. En esta mecánica se consolida y materializa una nueva concepción del desarrollo.

En el presente texto se analiza los últimos discursos de la política internacional en su relación con el cambio de perspectiva de los denominados objetivos de desarrollo, en tanto programática y contenido por y para la consolidación del modelo liberal respaldado por organismos internacionales.

Compromiso

Dejando atrás el mundo polar de civilizaciones, ideologías y proyectos encontrados que responden a la modernidad, geopolíticamente, el desarrollo es global de acuerdo a la nueva configuración de poder que ya no reconoce otredad ni fronteras, ni territorios, ni enemigos. La apuesta es la totalidad. Sintomáticamente se reconoce la conjunción de todos los países hacia la concreción de los Objetivos, no hay ya diferencias, capas, niveles; no hay latitudes, altitudes ni clausuras. El globo es liso, abierto, transparente y luminoso: Es el resultado de la hegemonía de la democracia liberal hacia s perpetuación, su autorreferencia. La sociedad abierta –Recordamos el texto del epistemólogo alemán Karl Popper, aunque prescindimos de ‘y sus enemigos’ para enunciar- y su mito: el desarrollo. Esta observación requiere separarnos conceptualmente de algunas visiones críticas, alternativas y consideradas en contra del sistema mundo. Primero, establecer distancias con el acuñador del término, Immanuel Wallerstein justamente en cuanto al carácter mundial del capitalismo, constatando que en el relato neoliberal no se reconocen polos ni multipolos. En seguida, se mantiene distancia de los enfoques latinoamericanos que denominan nuestro espacio económico, político, cultural en función al norteamericano y europeo; es decir, los modelos centro-periferia, norte-sur, occidente-no occidente, cuerpo-satélites, países desarrollados-países subdesarrollados. Esto en base a la nueva propiedad de los Objetivos: compromiso y universalidad no solamente de los países desarrollados. El primer mundo convierte en su equivalente a su patio trasero, lo invita a cenar: no más subordinación, mientras que el segundo mundo se esfuma, se agota, termina su proceso de sublimación y deviene gaseoso. La teoría cepalina de los sesentas pierde vigencia, ya no más Cardoso y Faletto. En una palabra, no hay dependencia ni heterogeneidad. Ni otros, ni externos. Chile, México y Colombia, miembros latinoamericanos de la OCDE se codean con las potencias y los países ricos, Obama reconcilia a Norteamérica con Cuba y Trump estrecha vínculos con el presidente coreano y el presidente ruso. El espacio no reconoce planos, el desarrollo es una consigna unívoca en un globo.

La UNICEF denomina a este cambio, compromiso, valor cuya raíz etimológica lo acerca a una conexión más comunitaria que societal, más integradora que individual (Bauman, 2004). Confianza, como capacidad de establecer seguridad sobre el tiempo –esperanza- y la espacialidad –interacciones corporales y subjetivas-, une el francés confiance con los anglosajones defiance y fiance. En su relación económica y administrativa la confianza torna en defiance, desafío, objetivo planificado y empresa; sin embargo, su importancia política reside en el fragmento fiance promesa y compromiso. El desarrollo denominado sostenible ha conseguido suscripciones globales, en primer término, a su promesa, su mito moderno de la eterna perfección de las condiciones humanas como orden cimentador y fundamentación de sus discursos. Los bloques regionales expresan su ánimo progresista con información transparente y con recursos; así pues, en segundo lugar, los nuevos objetivos son una empresa común, una narrativa convertida en metas e indicadores, un mito susceptible de medición, por tanto, desnarrativizado. El plan estratégico objetiviza y materializa lo inmaterial del compromiso, el torrente de datos hace tangibles –componentes, tangentes-, traducibles y comparables –proporciones, ratios- propósitos considerados gaseosos: justicia, paz, cooperación, integración, libertad, etc. Mientras que las amenazas ideológicas y las promesas socialistas se esfuman, la imaginación liberal de Occidente se cristaliza, asiste al proceso de sublimación inversa. Es este carácter estratégico y gerencial sobre el largo plazo el que contrarresta la incertidumbre y la contingencia, lo que hace posible la confianza y la seguridad temporal (hacia el 2030) además de la avenencia de la superficie global, el espacio. La comunidad del desarrollo se construye con una identidad sólida que hubo de separar y clausurar, pero que, en su proceso de materialización elimina las diferencias.

Paz

Es evidente que cada línea anterior puede ser discutida y refutada en la medida que expandamos el análisis. La idea misma de globo y de compromiso, sustentada como criterio de cambio de los ODM hacia los ODS se problematiza. Pese a ser un proceso con grandes pasos, la globalidad tiene un obstáculo de origen. El Estado, la nación y la soberanía. Si bien el libreto dice totalidad, sociedad sin fronteras y transparencia geopolítica, la naturaleza de la modernidad implica una latente perversión que reivindica lo contrario. La decisión sobre la guerra, el hacer matar y las operaciones devastadoras son el lado oscuro e inseparable del Estado de derecho, la democracia y el desarrollo. Las guerras son el Mr. Hyde de los derechos humanos y la paz, no su viejo pasado. Después de los dos enfrentamientos bélicos como grandes heridas latentes en la historia de la civilización occidental, las potencias no están ni por asomo desarmadas; la memoria estigmatiza al fascismo y el comunismo, pero objetivamente el liberalismo inhala y respira autoritarismo, balas, violencia, desapariciones, secuestros, torturas, masacres, genocidios, penas de muerte. La historia política de América Latina es la promesa de la democracia, las elecciones libres y cívicas, pero conseguidas a toda costa: crímenes de lesa humanidad, terrorismo de Estado y violaciones sistemáticas de los Derechos Humanos, episodios decididos y escritos desde las agencias de seguridad norteamericanas. Occidente pone un criterio que se encarga de infringir. El último capítulo –en pleno siglo XXI- es Venezuela y el plan es en esencia el acostumbrado: (1) saboteo cultural y desprestigio en medios masivos de información, (2) bloqueo económico estricto y violento, (3) golpe de Estado y ocupación, (4) victoria, recuperación de la democracia, gesta nacionalista de restauración de la estabilidad política, financiera, restablecimiento de la extracción petrolera, que es lo central. Ejemplos y archivos desclasificados hay a montones. El Estado de sitio es la cara bárbara de la moneda del progreso y perfección de condiciones de nuestro siglo. Sin la dictadura de Pinochet no habría sido posible el régimen de intervención que experimentó el neoliberalismo en Chile antes de su aplicación a todo el mundo. Podemos reconocer entonces dos incongruencias; primero, la paz y justicia como exigencia y objetivo de un organismo que asiste al desmoronamiento, al estigma y a la declaración de hostilidad del ‘gobierno en disputa’ de Venezuela -hace unos días una misión de la ONU acusó al régimen de violar DDHH-. Segundo, en relación a lo anterior, la persistencia cada vez más manifiesta del instinto soberano por el Estado de sitio, en tención con la universalidad sin polos ni enemigos. La oscuridad de la necropolítica complementa la transparencia del desarrollo. Los Derechos Humanos son el criterio y la moneda de cambio para reproducir su violación, su infracción, lo que posibilita que Dr. Jekyll amanezca como el opuesto especular y lo grácil de le hegemonía global. 

Protección

La protección es un correlato anterior al de la seguridad. Históricamente el primer discurso se reivindica con la lepra: la exclusión, expulsión de un lado y la defensa de otro (Foucault, 2010). Como se expuso antes, la comunidad identitaria se ensambla clausurando territorios, espacios, cuerpos. Diferente y posterior a la lepra, la peste es de apropiación médico-política y reivindica la seguridad, el orden, la taxonomía, la certeza. La sociedad disciplinaria -que tiene a Foucault como más importante descriptor-, suprime la incertidumbre temporal; se asiste a la promesa epistémica y jurídica del seguimiento, la vigilancia. Quisiera rescatar tal esencial diferencia entre los procesos de la lepra y la peste como dispositivos de poder: una separa y la otra ordena, una distingue y la otra clasifica, a la vez una identifica y la otra controla. Políticamente este par narrativo se reanima posterior a la Segunda Guerra Mundial –aunque bien podemos reconocerlo en otros períodos como el colonialismo del siglo XVI para lo que hemos de aclarar que los límites conceptuales de ambos dispositivos son flexibles y más bien su presencia en la realidad es complementaria-, con el nacimiento mismo y el tinte paternalista del concepto de desarrollo en el discurso del presidente Truman, con la Alianza para el Progreso de Kennedy, con la Escuela de las Américas y la Operación Cóndor de Kissinger; se consolida el protectorado y la intervención tutelar en la comunidad política internacional. El primer mundo y los países no occidentales, en relación impermeable de la insensatez del socialismo, construyen la identidad con el modelo y dirección unívocos: de los países no desarrollados nacen los ‘en vías de desarrollo’, protegidos de la lepra del marxismo, del agente contaminante a ser expulsado de la tribu liberal mediante dictaduras. Esta prédica tecnológica de gobernabilidad se consolidó y operó hasta el final de la Guerra Fría con sus exitosos resultados. Al cambio de siglo otros problemas asoman con diferentes formas de solución y abordaje sobre los cuales se configura el patrón de seguridad.

Seguridad

A partir de la consolidación de la receta neoliberal sale a flote esta nueva reseña gubernamental, una lógica que a opinión del filósofo chileno Karmy Bolton (2020) acelera el proceso hegemónico que comenzó con la reestructuración del capital a fines de los setentas, la emergencia de las nuevas tecnologías y la cibernética. Sostenemos la configuración bioseguritaria y disciplinaria separándonos de la descripción fluida, flexible, líquida o proteica que de la sociedad del siglo XXI hace el posmodernismo. El contenido y la representación cotidiana sí asiste a lo fragmentado, lo individual, el consumo y el estímulo ilimitado de las redes sociales, pero su arreglo político no deja de ser sólido, macizo y pragmático. Lo desnudo de la exposición de la información se conjuga y equilibra con lo transparente del dataísmo. Como se insinuó con anterioridad, el pluralismo y la ampliación de mejores condiciones de vida confluye con lo drástico del instante y la concepción temporal, lo robusto de los agentes de la dominación: el mercado, el Estado y los medios. En la existencia tribal no hay afueras, la globalidad se construyó en base a la prescindencia de los otros; pero la hostilidad no desaparece, sino que cambia de naturaleza y manifestación. Pasamos de guerras frías a nuevas guerras, de conflictos ideológicos, económicos a instancias étnico-religiosas. El esquema ya no establece derechas contra izquierdas sino disciplina contra violencia, salud y crecimiento contra terrorismo y crímenes sistemáticos: atentados, narcotráfico, grupos paramilitares, cárteles. El fin de la historia no significó un cambio de blanco: el Estado islámico, el régimen yihadista, los criminales centroamericanos, el narcoterrorismo colombiano, etc. Este tránsito se ha denominado freedom from fear (libertad del miedo) y es la condición anterior pero siempre latente para la seguridad propiamente dicha, lo denominado freedom from want (libertad de la necesidad). Según Morillas (2005), se comenzó a hablar de seguridad humana a partir del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 1994, presidida por Amartya Sen, entonces ambas nacen a la vez, pero si una doctrina protege –y, por tanto, se confunde con la definición del fin del siglo pasado-, la otra asegura, si una evita las amenazas, el uso de la violencia y la infracción de los DD.HH., la otra se propone reducir las incertidumbres, alcanzar las necesidades básicas fundamentales para los ciudadanos y con esto, lograr el desarrollo de capacidades y una vida con dignidad.

Sostenibilidad

En resumen, asistimos, con el nuevo conjunto de objetivo de desarrollo a un discurso seguritario acorde a la configuración de una sociedad global, superando y a la vez necesitando constantemente la forma comunitaria de protección. En el nuevo siglo, si los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015) respondieron al freedom from fear y por tanto consolidaron el ciudado y la protección de la vida en cuanto existencia -condiciones materiales, económicas, sanitarias, etc.-, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015-2030) resaltan el freedom from want, las capacidades y cualidades morales, sociales y políticas. A este punto consideramos a la ecología como el dispositivo de diferencia respecto al oikos de la necesidad para vivir. La preocupación ambiental es el oikos de la reflexión, de la trascendencia como especie y la conciencia de la huella material de la humanidad en el medio físico global: el planeta tierra. Desde la Grecia antigua existe una importante diferencia entre la política con una finalidad biológica y otra social, trascendental. Los ciudadanos se alejaban de los demás seres de la naturaleza mediante la razón y el lenguaje, los elementos que les permitían las virtudes cívicas, el entendimiento sobre la ley, la tradición democrática, el sometimiento a la lógica y a la moral. Las preocupaciones de los no ciudadanos no podían superar el oikos, lo doméstico, la potestad familiar, la reproducción, la salubridad, las finanzas; sus necesidades los unían a la naturaleza y por tanto estaban destinados a asegurar la contemplación de los asuntos públicos por parte de los ciudadanos. Los esclavos y trabajadores eran de funcionalidad complementaria para las personas libres. La libertad era asegurada por la no libertad (Arendt, 2009). Pensar en la gran parte de los nuevos objetivos, los objetivos del asunto medioambiental es reconocer la consolidación de nuevas problemáticas de trascendencia pública y discusión ética. Se reivindica la espiritualidad y la dignidad de lo humano y lo político. Asimismo, de acuerdo a la racionalidad instrumental occidental, el considerar a la biósfera como objeto de conservación e inmunización es también un modo de consolidar la seguridad y la confianza de un programa económico liberal con miras hacia el futuro. Nuestro futuro común no es una alternativa al desarrollo, sino una potencia del mismo, una póliza mercantil y moral para la prolongación de su explotación, una alternativa del desarrollo. Entonces lo sostenible como respuesta hace una vez más posible y tangible el progreso humano, es una solución para los límites y las asíntotas del sistema mundial. Es un mantenimiento de la escalera del progreso, un medio de reproducción del mito fundamental del desarrollo, ahora sostenible y sustentable.

Conclusiones

La mecánica que une el desarrollo como contenido discursivo y a los comportamientos de la política internacional diferencia entre los conceptos de mundo y globo, ubicándose uno detrás de otro. Esta diferencia confluye también con la distinción entre protección y seguridad como dispositivos gubernamentales que reconocen orígenes biomédicos, pero que se separan de la problemática de la salud para ubicarse en la finalidad política por los valores humanos: la paz, la justicia y la conservación ambiental por sobre el crecimiento económico, la protección respecto a la violencia y las condiciones de vida. La transición hacia los nuevos objetivos de desarrollo trae a escena un nuevo dispositivo seguritario, la ecología y el instrumento de discusión a la vez moral y racional.

Reconocemos una premisa filosófico política de fondo según la cual existe, en términos agambianos una exclusión inclusiva o una interdependencia especular entre la vida como simple existencia cuyo manejo responde al poder soberano y la vida de cualidad política de administración disciplinaria. Los objetivos interactúan e intercambian enfoques biológicos referidos a la conservación y mantenimiento de la vida como condición, y enfoques políticos sobre el interés de la manifestación y la calidad de vida.

Referencias

Arendt, H. (2009). Labor. En H. Arendt, La condición humana (págs. 97-156). Buenos Aires: Paidos.

Bauman, Z. (2004). La modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). Disciplina. En M. Foucault, Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión (Segunda ed., págs. 155-263). México: Siglo XXI Editores.

Kahhat, F. (20 de Setiembre de 2020). ¿Cambio en la política estadounidense hacia América Latina? Diario El Comercio.

Karmy Bolton, R. (6 de Junio de 2020). Enemigo invisible. Guerra civil global y potencia de los cuerpos. Ficción de la razón. Obtenido de https://ficciondelarazon.org/2020/06/02/rodrigo-karmy-bolton-enemigo-invisible-guerra-civil-global-y-potencia-de-los-cuerpos/

Morillas Bassedas, P. (2005). Seguridad humana: conceptos, experiencias y propuestas. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, núm. 76, 47-58.

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